Investigación

Los xenotrasplantes pueden mejorar la salud de los diabéticos tipo 1

La experiencia argentina en los trasplantes de tejido de cerdo comenzó hace 10 años y ayudó a pacientes insulinodependientes a mejorar su situación
domingo, 23 de enero de 2022 · 15:14

Entre 2011 y 2013 Argentina se convirtió en el segundo país del mundo en realizar ensayos clínicos para un tipo particular de xenotrasplante referido ya no a órganos sino a tejidos, cuando a 22 pacientes con diabetes tipo 1 les fueron trasplantados islotes pancreáticos microencapsulados de cerdo capaces de producir insulina y así reducir la necesidad externa de esta hormona.

Al frente de este ensayo estuvo el director del área de xenotrasplantes de la Sociedad Argentina de Trasplantes (SAT), profesor de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) y médico cirujano Adrián Abalovich.

 “Fue muy interesante porque se logró en un 60% de los casos una mejoría de la enfermedad (tiempo de glucemia en rango), y dos estuvieron muy cerca de dejar de ser insulinodependientes”, dijo Abalovich a Télam.

Pero además, la experiencia demostró que “el peligro de transmisión de un retrovirus que tienen los cerdos, prácticamente no existe porque ninguno de los pacientes lo desarrolló” tras recibir los trasplantes. A diez años de esos procedimientos, los controles de los pacientes siguen negativos para el retrovirus.

“Los islotes de páncreas son unas estructuras de 150 micrones, es decir, casi 10 veces menores a un milímetro- que tienen unas 6 mil células y producen la insulina, entre otras hormonas”, explicó el cirujano.

La clave para evitar el rechazo inmunológico estaba en las microcápsulas, una cobertura protectora “con poros muy chiquitos que dejaban que saliese la insulina pero no dejaban que entraran ni los linfocitos ni los anticuerpos” del organismo receptor, que son los que producen el rechazo.

En cambio, cuando lo que se va a trasplantar es un órgano “no se puede adicionar esta protección” contra el sistema inmunológico humano, y entonces el animal donador “tiene que estar modificado genéticamente” como el caso del cerdo que proveyó el corazón trasplantado a un hombre de 57 años el 7 de enero en Maryland (EEUU).

 

Abalovich recordó que aquellos años “trabajamos con un grupo de investigadores muy importantes que habían creado una compañía en Nueva Zelanda y estaban dirigidos por el médico pionero de xenotrasplantes, Bob Elliott”.

Elliott leyó en Nueva Zelanda “un trabajo que hicimos de trasplante de islotes de cerdos microencapsulados a perros diabéticos y vino a la Argentina a hablar con nosotros”, recordó el profesor. Luego propuso a Abalovich y equipo la realización de este ensayo clínico con células que iban a ser provistas por este país de Oceanía.

“Tardamos un año en lograr la aprobación del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires para el ensayo clínico y en el Hospital Eva Perón de San Martín trasplantamos una cantidad insuficiente de islotes con resultados muy buenos”, dijo el cirujano, quien lamentó que ”este desarrollo se parase” por discontinuidad en el financiamiento, cuando lo que restaba por delante era “seguir haciendo más ensayos clínicos, con más dosis de células”.

Actualmente, el trasplante de islotes pancreáticos es un tratamiento experimental para la diabetes tipo 1 y en virtud de esto solo se puede realizar como parte de un ensayo clínico autorizado por el organismo estatal regulador.

En Argentina dos equipos de investigación de universidades públicas se aprestan a producir animales genéticamente modificados para que sus órganos sean aptos para trasplantes a humanos y los primeros porcinos de este tipo se obtendrían en 2023.

El pasado 7 de enero un estadounidense de 57 años se convirtió en la primera persona en ser sometida al trasplante de un órgano animal: su corazón fue reemplazado por el de un cerdo humanizado por 10 mutaciones genéticas.

El mérito es de un equipo de la Universidad de Maryland liderado por el investigador Muhammad Mohiuddin, que realizó la intervención con una aprobación de emergencia de la FDA como “tratamiento compasivo” para un paciente desahuciado.

“Esto es el puntapié inicial a una nueva era”, dijo Adrián Mutto, investigador del Conicet.